MALESTAR
GENERACIONAL
Herberth
Morales[1]
Los jóvenes
salvadoreños que han tenido la mayor parte de su proceso de socialización
posteriormente a los Acuerdos de Paz, expresan un variopinto malestar
generacional. De igual forma con diferentes niveles de intensidad. Su malestar
no precisamente debe vinculársele con acciones violentas, ni tampoco ver a
todas las juventudes con posicionamientos políticos rígidos.
Veamos algunos datos
que demuestran este malestar generacional. Siete de cada diez jóvenes dice
tener poco interés en la política según la encuesta de juventud que realizó el
IUDOP en el año 2007. Además, en esa misma encuesta ocho de cada diez jóvenes
expresó no sentir representados sus intereses a través de los partidos
políticos, aquí bien cabe la expresión de una canción de Adhesivo: “Vale verga… nadie se preocupa por tus
mierdas”. Estos datos bien podrían entenderse que son consecuencia de como
hacen política los diferentes actores del sistema. Frente este panorama los
jóvenes con interés en la participación política crean nuevos vehículos de incidencia
como por ejemplo: todas las organizaciones juveniles a nivel local o las
plataformas con incidencia nacional como PLANJES, CIPJES y Jóvenes Solidarios
por mencionar algunos.
Por otra parte, las
mismas pandillas son una expresión del malestar generacional como producto de
su condición de exclusión de una sociedad salvadoreña construida por nuestros
predecesores de todas las clases sociales. Esto no quiere decir que justifico
el accionar delictivo de las pandillas, si no que pongo en perspectiva que la
sociedad que heredaron aquellos niños
que ahora son pandilleros no fue la mejor herencia que pudieron recibir de sus
mayores.
Últimamente, algunas
juventudes han manifestado un mayor nivel de descontento. Por ejemplo, al
sumarse a los diversos movimientos contra el decreto 743 y la pasada elección
de los magistrados de la Corte Suprema de Justicia. Y recientemente ha nacido
una iniciativa denominada “La resistencia” cargada de un discurso de inconformidad
muy fuerte y presumiblemente con un gran apoyo económico que casi estoy seguro
quien puede estar detrás.
Pero que nos queda a
todas las juventudes. Considero que una mayor reflexión de las coyunturas y
sobre todo, manifestar la diversidad y construir algo diferente con el apoyo de
nuestros mayores; borrando de nuestro horizonte que las reivindicaciones del
sector poblacional joven están desligadas de todas las problemáticas de los
demás grupos etarios, pues todas tienen causas estructurales. Cierro diciendo
que “seamos realistas: ¡exijamos lo
imposible!” como lo dijeron los jóvenes del mayo francés, pero no nos
quedemos en un simple malestar generacional que no se traduzca en cambios
reales y concretos.