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lunes, 18 de septiembre de 2017

Nayib y el espejo de las redes sociales

Herberth Morales

El hecho que los partidos políticos experimenten descrédito y las mediciones de opinión pública manifiestan un vacío de representación por parte de estos, no significa que no podamos criticar a Nayib Bukele desde una postura ideológica de izquierda. El alcalde Bukele, frente a sus errores, recurre a la caja China, como buen publicista. Encerrarse en el narcisismo y prepotencia que permiten nuestros tiempos de hiperconexión y transparencia no le ayudarán en nada al señor alcalde. El señor Bukele dijo que en El Salvador no hay presidente, sino un supremo grupo al estilo de un politburó (nada nuevo bajo el sol, en sus palabras, pues la forma de liderazgo colectivo en el FMLN lo viene ejerciendo desde que surgió como guerrilla), pero estas declaraciones son nada más un intento por distraer a la opinión pública de sus errores. Bukele ha tratado de desvirtuar los señalamientos en su contra por medio de un audio, que sirve únicamente para las redes sociales, pero se necesita aclarar esta situación ante la justicia y aquí la fiscalía debe hacer su trabajo.
En esta coyuntura, el alcalde se parece mucho a Trump: ante sus fallos crean shows que pasan por hechos noticiosos. Bukele es ese nuevo dirigente del que habla Slavoj Žižek: falto de dignidad y que se comportan en el ámbito público como lo harían en el privado, siendo esto, un claro ejemplo del desvanecimiento de la esfera pública.
Los asuntos públicos demandan respeto y alteridad, elementos que el comportamiento narcisista del alcalde no le permiten experimentar porque le generarían incertidumbre y conflicto; y su respuesta ante ello, es sacar la tradición autoritaria de nuestra cultura política en un contexto donde él representa ese homo economicus que solo tiene dos opciones: triunfar o fracasar. En política no se puede ser ingenuo, es necesario ser zorro y león en los movimientos, como diría Maquiavelo, pero nuestra condición de minotauro no debe llevarnos a las desproporciones. Cuando Bukele le respondió el tuit a Lorena Peña o peor aún, cuando reaccionó descontroladamente por un insignificante like que le dio el administrador de las redes sociales del FMLN a un comentario, fueron muestras claras de como actuá el sujeto que pierde las dimensiones de su imagen pública y teme que la perfecta figura que se presenta en las redes sociales se vuelva horrible por un simple comentario o like. El alcalde Bukele es el ejemplo del esclavo del me gusta de Facebook que vive vacío.

No teniendo claridad entre las dimensiones de lo público y lo privado, los individuos se confunden en este ambiente hipertransparente de las redes sociales y no guardan respeto hacia el otro, pues esto último, requiere tener un distanciamiento al mirar, elemento que no sucede en las redes sociales donde las hordas de curiosos están ávidos de inmiscuirse en la vida privada. El alcalde Bukele está centrado en su imagen como el Narciso actual, que vive frente al espejo de las redes sociales, y eso no le permite ver ni sus errores, ni muchos menos ver a los otros y respetarles en su dignidad como seres humanos (lo mismo le pasa a sus fans, que viven en la caverna de las redes sociales, defendiendo lo absurdo). Contemplar la dignidad humana, en el caso concreto de la síndica Marchelli, hubiese necesitado de un cara a cara real, que no está exento de conflictos; pero el alcalde vive centrado en su yo, que le teme a los conflictos reales que están fuera de él. Bukele es como el personaje principal de la película Psicópata Americano, Patrick Bateman, que vive solo para reafirmarse desde su yo. El obrar del alcalde, es parte de algo más grande a él, y me refiero al esquema ideológico del capitalismo, donde las demás personas son extensiones del narcisista que busca reflejar su yo en los otros, sin permitirles lo distinto y lo diverso, rasgo propio de este momento neoliberal, que nos iguala a simples instrumentos y mercancías.
Frente a todo lo anterior, surge una pregunta sobre qué es más peligroso ¿Decir directamente que el alcalde es una persona poco tolerante a lo distinto o pensarlo? Evidentemente pensarlo, pues eso luego se puede volver sentido común. Bukele es prisionero de la caverna de la sociedad de la transparencia y del nulo reconocimiento hacia el otro. Lo mejor que pueden hacer las personas que asesoran al señor alcalde de San Salvador es sugerirle la siguiente cita de El príncipe: “...es necesario que el príncipe sea tan prudente que sepa evitar la infamia de los vicios que le harían perder el Estado, y preservarse, si le es posible, de los que no se lo harían perder.”

Finalmente, al FMLN hay que criticarlo, y duro, pues ese proyecto colectivo debe ser reorientado hacia la liberación de este sufrido pueblo.  

viernes, 9 de octubre de 2015

Transparencia y espectáculo



Herberth Morales


“…el neoliberalismo no es un sistema de ideas abstractas,
sino un cincel de prácticas e idearios socioeconómicos muy definidos”
(Editorial ECA, 741, Pensar la violencia a contracorriente)


Transparencia si se vincula únicamente con corrupción y el erario del Estado es una estupidez reduccionista. Hay otros ámbitos de la vida que se ven vulnerados en esta hiper-transparencia de exponer hasta la privacidad en la esfera pública. La transparencia no es la base de la confianza, es una falacia, pues una sociedad que pide la transparencia en exceso es porque ya perdió la confianza en su sistema político, ya que la confianza es antípoda de la transparencia, porque  la confianza es un acto en el cual uno tiene un grado de desconocimiento del otro en su actuar y se espera que obre según un proceder en el cual confiamos, en eso se confía. La transparencia como adicción nos exige más muestras de exposición del todo, porque ya no se confía en el otro u otros, llevándonos de encuentro la alteridad.

En una sociedad donde se apodera la cultura del espectáculo no existen ciudadanos comprometidos con la democracia, sino espectadores morbosos, que esperan los próximos casos de corrupción no con ánimos de fortalecer la democracia, sino de entretenerse de la siguiente manera: enfadarse y tuitear, sin pretensiones de cambios estructurales, porque eso no está en su horizonte de praxis política; Guatemala es un ejemplo patético de ello, malestar para nada. Los problemas son: Estados débiles, el capitalismo, aquellos empresarios evasores, los políticos carentes de vísceras con amor al bien público y el crimen organizado. Necesitamos transparencia como una teleserie donde desconfiamos de todo, coincidencias con la serie The Walking Dead es producto de mi imaginación.


Apropósito, el morbo por el espectáculo existe de todo tipo según la estructuración a la que uno pertenezca en el plano del espacio social. Quién puede afirmar que se informa de la situación de violencia o corrupción en el Estado, cuando sólo se indigna, pero no se plantea un cambio estructural [Usted vive un tiempo sin macro relatos entienda, me dirán]. El afán en el fondo ante los problemas del país es de entretenerse, y sus medios para lograrlos son distintos; por ejemplo quienes leen Mi Chero o El MÁS habla mucho de su ubicación en el espacio social, en cambio quienes no nos consideramos parte de ese público por tener más capital cultural o económico, leemos El Faro u otros que nos adornan las notas periodísticas con algunas categorías sociológicas o recursos narrativos de la literatura, pero en esencia compartimos mucho con el lector de Mi Chero o El MÁS: entretenernos con las escenas viscosas diarias o conocer al nuevo corrupto, únicamente que para no transgredir la frontera social necesitamos que nos presenten la narrativa más cargada, pero cumpliendo su misión, darnos espectáculo en una sala negra donde devoramos “la realidad”. Por supuesto es injusto no decir que existirán lectores que se informan y quisieran un cambio real, pero esos son bichos raros radicales o que también hay buenos periodistas, pero eso ya lo saben. 

miércoles, 11 de marzo de 2015

Voto arrebatado


                                                                                  Herberth Morales


Se ha dicho que el voto cruzado es un adelanto para nuestra democracia, en el sentido de llegar de un estadio inferior a otro superior. Pero los procesos sociales no son así de lineales y esta visión teleológica de las dinámicas sociales, in situ no garantiza un peldaño de mejora. Lo que si es el voto cruzado es un elemento de proceso que se ha vuelto práctico, como un instrumento más en el marco de la democracia salvadoreña, es decir, es una huella para el camino, en el entendido como acción humana, que no precisamente se sabe su final. De ahí que no está garantizada una mejora para el proceso democrático a priori, sino únicamente la emisión del sufragio en esta variante.

Absurdamente se ha vendido la idea que el voto cruzado contribuye a la democracia porque le resta poder a los partidos políticos, brindando más a los ciudadanos y fortaleciendo las instituciones del Estado. Un contrasentido total, como que si los partidos políticos no son instituciones del Estado y los ciudadanos estamos irrigados de otra esencia distinta a la de los partidos existentes en la cancha del Estado salvadoreño, de la cual somos parte. Si en verdad le quieren dar más poder a los ciudadanos, fortalezcan a los partidos, promoviendo estructuras democráticas al interior de los mismos y que existan efectivas elecciones internas para que resulten propuestas diferentes a las de ahora en día; agregando las circunscripciones electorales de control directo.

Yo no creo que el voto cruzado fortalezca la democracia como una píldora bien ”in y no out”, como se ha visto, ya que mina la esencia de la política como acción colectiva de raigambre programática en dos sentidos: hace de los partidos una jauría de hienas hiperindividualizadas donde se promueve la privatización y personalización de la captación de fondos (que no es menos corrupta), de compromisos y propuestas, lo cual no sólo debilita a una cúpula, sino a un partido como totalidad; la segunda tiene que ver con la homogenización a la hora de elegir, pues no es lo mismo votar por quien considera el agua como un bien privado y otro que lo vea como un derecho humano, es esencial saber a que responde ideológicamente. Para toda democracia es sano tener partidos con estructuras democráticas a su interior y claros ideológicamente para que ofrezcan apuestas programáticas que expresen diversidad.

De todo esto puede concluirse que la reforma política de El Salvador no debe estar sujeta al determinismo de un solo poder del Estado, entiéndase la CSJ por medio de la sala de lo constitucional. Discernir y discutir los cambios en nuestra democracia le atañen a todos los poderes del Estado según su naturaleza y a sus ciudadanos a través de sus diferentes medios: la opinión pública, las universidades y las organizaciones sociales.
Finalmente, al margen de este arrebato de voto cruzado, esta elección nos ha dejado dos partidos fuertes de nuevo.


miércoles, 6 de agosto de 2014

MOVIMIENTOS DESPOLITIZADOS: ORGANIZACIONES ESTUDIANTILES DE LA UES


Herberth Morales

El ideal de que una universidad debe cumplir una función social y científica
 en favor de las mayorías es lo que ha inspirado el movimiento reformista (sic)

(“Por la reforma”, Opinión estudiantil, 25 de julio 1950 pág. 1)



El pasado 30 de julio se conmemoro un aniversario más de los estudiantes de la UES masacrados en 1975. Al observar a los estudiantes de la conmemoración es interesante ver la expresión de memoria y la importancia que encierra. Pero ese mismo ímpetu se esperaría ver ante los problemas sociales: dificultad en el suministro de agua, semillas transgénicas, la violencia, las desigualdades económicas, reforma fiscal etc. Pero lastimosamente las organizaciones estudiantiles al interior de la UES están desconectadas de los movimientos sociales y por ende son movimientos despolitizados. Me podrán decir que se suman en determinadas acciones de hecho, eso no deja de ser llamarada de tusas. Y me pregunto, fueron las organizaciones estudiantiles de la UES las que promovieron la ley de juventud, a lo sumo estudiantes o egresados de la universidad, pero no las organizaciones universitarias. ¿Opinó alguna organización estudiantil ante la ley de acceso a la información pública? ¿Están opinando ante los proyectos de la ley de agua?
En la actualidad los mejores cuadros de mujeres y hombres que se educan en la Universidad de El Salvador ya no pertenecen a las organizaciones estudiantiles (que más parecen “casas club” para ociosos que espacios para la reflexión ) sino más bien forman parte de alguna ONG, esfuerzos comunitarios u organizaciones juveniles de la cacareada sociedad civil. Las organizaciones estudiantiles, si todavía merecen ese calificativo, no tienen capacidad de leer la realidad porque no hacen praxis política. Algunos de sus dirigentes ya parecen dinosaurios (por su perpetua condición de estudiantes) que su mayor hazaña política es realizar una pinta en una pared con terribles errores ortográficos; ya desearía un “estudiante político” que escribiera una pinta de calle como parte de una síntesis fruto de su reflexión de la realidad (que publicaran como lo hacían los estudiantes de Opinión Estudiantil en determinadas coyunturas). Quizá necesitarían leer esos dinosaurios despolitizados el siguiente fragmento que salió en el editorial de opinión Estudiantil del 25 de julio de 1950:
“Sólo una juventud que haya llegado a compenetrarse en la ciencia y la cultura, es capaz de crear medidas salvadoras para beneficio de su pueblo.”(sic)


Tampoco esto significa un romanticismo inútil por el pasado. Sino de preguntarse ¿por qué aquellos estudiantes de 1950 tenían esa lucidez y capacidad de cargar con su realidad y no las actuales organizaciones estudiantiles? Un buen amigo [Alan] me comentaba que los planes de “despolitización” de la UES en los años 90s luego de finalizado el conflicto armado tiene buena parte de culpa del estado actual de las organizaciones estudiantiles. Yo por mi parte, le argumentaba que era producto también de la incapacidad de las organizaciones universitarias de rediseñarse en un contexto donde las luchas sociales se han fraccionado como parcelas divorciadas de los cambios estructurales (nuestro momento filosófico).
Todos los estudiantes universitarios (del sector público y privado) en un país como El Salvador con evidentes desigualdades sociales deberían asumir el compromiso ético de hacerse cargo de su realidad, en otras palabras: hacer praxis liberadora desde la política. Y con mayor razón lo tendrían que hacer los estudiantes de las organizaciones estudiantiles de la UES por su carácter público, para que tenga sustento real la consigna: Lucha y estudio…en las aulas y en la calle. En este punto hay que entender que lo más importante para una universidad no son sus estudiantes, sino la sociedad, como lo argumentó el padre Ellacuría.

domingo, 12 de enero de 2014

En respuesta a aquellos que piden anular el voto

                                                                                                                              Herberth Morales

Quienes piden anular el voto en El Salvado, únicamente demuestran su ignorancia supina sobre nuestro pasado doloroso por querer lograr un sistema electoral que le diera cabida a todas las voces. Por ejemplo, en el periodo presidencial de Pio Romero Bosque a finales de la década de los veinte, en nuestro país se abrió el espectro político a ese creciente movimiento social, otra cosa fue saber interpretar el clamor popular (que desembocó en el trágico 22 de enero de 1932). Durante la década de 1970 dos procesos electorales fraudulentos son la antesala de la Guerra Civil. Luego como movimiento social sólo le quedó la vía extrema: las armas. En gran parte por la miopía de nuestras elites económicas poco ilustradas que no consiguen consensos que propicien la cohesión social. Es fácil mandar a pedir a anular el voto a los sectores de izquierda en un contexto diferente al de nuestros predecesores, en el cual tuvieron que ofrendar sus vidas para heredarnos una democracia con sus debilidades y sus aciertos, pero al final nuestra.  
Cuando no se hace nada por el movimiento social a través de acciones de calle u otras que demande la praxis política es mucho más fácil decir que no se vaya a votar o anularlo. Es tu libre elección votar o anularlo, pero debes acordarte que hubo personas como Enrique Alvares Córdova, Herbert Anaya Sanabria, Febe Elizabeth Velásquez y nuestros familiares muertos que soñaban con espacios democráticos más amplios.
Hay voces que invitan a sectores de izquierda a anular el voto, con su supuesta voz de críticos y de superación del partido de izquierda. Pero en la práctica sus intensiones no superan al FMLN (que de paso este partido ha cometido errores y hay cosas que no comparto). El simple hecho de pensar que criticando al FMLN se estará logrando la superación de ese vehículo político, no basta. Ya Dagoberto Gutiérrez comprueba esta tesis. Si aquellos que criticamos al FMLN en verdad anhelamos una superación histórica de ese partido, se debe construir en realidad una alternativa de izquierda, que se vuelva la negación de la negación como nos diría la dialéctica hegeliana. Mientras tanto el FMLN junto a otros sectores de la izquierda han logrado golpear la hegemonía del grupo dominante durante su actuar político, el ejemplo más claro fue la derrota electoral de 2009.

Hay acciones políticas que no comparto con el FMLN, pero razonable es decir que si queremos superar a este vehículo político lo cambiamos desde adentro o se crea otro. Apropósito, mi madre me dijo una vez las siguientes palabras: “ustedes que nacieron después de la guerra no tienen el valor de aquellos jóvenes que se metían en política en momentos yucas”. Estas palabras fueron tan lapidarias que siempre me provocan la reflexión que debemos de tomar las riendas de las instituciones políticas del país, y no volvernos unos simples cobardes que piden anular el voto, pues los procesos políticos no se reducen a una elección sino al actuar continuo por demandar justicia.

viernes, 6 de diciembre de 2013

Un cortocircuito de larga data

Herberth Morales

Se vuelve válido presentar un pequeño antecedente, al actual cortocircuito del caso CEL-ENEL. En un ambiente donde la mirada a corto plazo es como la agitación del agua hirviendo. Y en este proceso de ebullición, el vapor no debería empañar nuestra visión.
El cortocircuito creado en la administración de Francisco Flores, sintetiza mucho del actuar de la cultura política salvadoreña; por lo tanto, no es una novedad en esencia (servirse del Estado como un patrimonio particular o para terceros). Incluso acciones lesivas a los intereses del pueblo en materia energética no son nuevas. En 1888 se introdujo el servicio de electricidad a la capital y éste sería otro parámetro para medir el “progreso” de los otros municipios, en un país que crecía al ritmo del café. Mucho después, en 1936 el poder legislativo creó una ley que pretendía regular los abusos e ineficiencias que llegaron a cometer los contratistas privados que proveían el suministro energético, además de establecer la utilidad pública del servicio eléctrico.
Por ejemplo, las autoridades locales de Jayaque, municipio de La Libertad, firmaron en 1917 un contrato de suministro y generación de energía eléctrica (prácticamente se resumía a alumbrado público y muy pocos con servicio residencial) con Víctor Manuel Gallardo, el cual estuvo vigente hasta 1946. Los munícipes jayaquenses vivieron expresando dos constantes a Gallardo: ineficiencia y altos precios del servicio eléctrico. En la práctica Gallardo era dueño de un servicio monopólico a nivel local, y desde esa condición se negó a reducir sus precios. Este ejemplo ilustra el sentido de esta ley creada en 1936 y que fue conocida como: Ley de Servicios Eléctricos, la cual creó la Comisión Nacional de Electricidad antecedente de la actual CEL.
Si lo anterior no basta, el 17 de diciembre de 1939 el Diario de Hoy expresaba tener una campaña “a favor de la revisión de las tarifas eléctricas del país”, y le solicitaba a la entonces Comisión Nacional Eléctrica aplicar la Ley de Servicios Eléctricos, para que las empresas privadas no incrementaran los precios de la electricidad por las siguientes razones:
·        Por un valúo excesivo de las construcciones, materiales y de los equipos en operación.
·        A consecuencia de la inflación de los sueldos de los cuerpos directivos, integrados estos, en general, por accionistas de las mismas empresas.
·        A raíz de los privilegios por el hecho de ser accionistas de las empresas eléctricas.
·        Por la mala ordenación de las tarifas con la intensión de beneficiar a un sector en particular.
·        Por reglamentaciones imprecisas, multas arbitrarias y servicios ineficientes.
Lo anterior es una constante de larga data que manifiesta la mentalidad de nuestros funcionarios, que en esencia es: usar al estado para intereses particulares. De todos es conocido que desde la segunda mitad del siglo XX, en El Salvador la generación de la energía eléctrica se fue consolidando como uno de los monopolios estatales más rentables para el erario público. Y precisamente en eso radica la fuerza que adquiere el debate en torno al contrato amañado y entreguista entre la estatal CEL y la cuestionada empresa ENEL.
En pleno 2013 es patético ver a ex funcionarios utilizando figuras mediáticas (el religioso Flavian Mucci y el poeta David Escobar Galindo)  para limpiarse la cara, los entiendo no es nada fácil llegar a los tribunales, donde desfilan los sectores populares y sentirse un igual ante la ley.

Finalmente, quienes firmaron ese lesivo contrato a los intereses de este pueblo salvadoreño, tienen un concepto de patria que se reduce a monumentos y canciones chillonas. La patria tiene que entenderse como la vida y los problemas que afrontan nuestros hermanos y hermanas salvadoreñas actualmente, como una realidad histórica heredada. En esto último, los políticos de todos los colores deberán entender que amenazas latentes de privatizar la salud, agua y educación no son moneda de cambio por unos millones de dólares.

martes, 29 de octubre de 2013

EL CANON HISTORIOGRÁFICO EN ESTOS DOCE AÑOS



Herberth Morales

Las siguientes ideas las escribí para decirlas en el aniversario de los doce años de la licenciatura de historia de la Universidad de El Salvador. Sin embargo, por motivos de fuerza mayor, no pude asistir a tiempo, y no las hice públicas. Fue así, que me quede con las reflexiones guardadas en mi computadora. Ahora las hago del conocimiento, únicamente con el ánimo de repensar nuestra licenciatura como tendencia historiográfica nacional.
El canon historiográfico de la carrera de historia en estos doce años de existencia, ha logrado aportar valiosas y nuevas líneas de investigación en un contexto académico como el salvadoreño, tales como: la violencia, el sistema educativo, la prostitución, el anticomunismo, la condición de la niñez y análisis a escala local. Aunque esto no define del todo ese canon desarrollado.
Si se observan las tesis de licenciatura, estas han estado centradas en los procesos de finales del siglo XVIII, XIX y cierta parte del XX. En esta última centuria radica el interés, pues la fatídica y dolorosa década de la Guerra Civil en el caso particular de la carrera de historia no ha logrado persuadir del todo a los seguidores de Clío. El trabajo de tesis que se acerca a algunos elementos de esa cruel década de los 80s, es el realizado por José Alfredo Ramírez. Últimamente se concluyó una investigación sobre Suchitoto donde se abordan interesantes aristas de la Guerra Civil desde lo local, llevada a cabo por Miguel Acosta y Luís Calero. Pero, luego de 21 “años de paz” y 12 años de madurez de la carrera, la sociedad salvadoreña esta demandando más estudios históricos. Pues este pasado reciente le está pidiendo a la carrera de historia sentar opiniones científicamente comprobadas en un ambiente de polarización, y sobretodo de ausencia del acceso a la justicia para las victimas.
En esto último podrán decir que es meterse en política y perder la objetividad. Y yo les respondería que somos animales políticos o zoon politikon como decían los griegos. Además, el interés por trabajar la guerra civil es por las victimas que no tienen colores partidarios. Más bien, hay que tomarle la palabra al maestro Alberto Masferrer quien nos increpa con la sencillez y fuerza de sus palabras para tomar partido por la victimas “No prestarse nunca, ni por recompensa ni por amenaza, a servir de instrumento de ninguna opresión, explotación o tiranía que afecten a los derechos vitales de los otros”
Las anteriores palabras las cito, en el sentido que existe un sistema judicial corrupto que no garantiza la justicia para las victimas y nos invita a tener como imperativo académico, investigar el conflicto armado con un compromiso por los miles de salvadoreños que sufrieron violaciones a sus derechos fundamentales. Habrá algunos que me dirán que combinar compromiso social y academia ya pasó de moda. Pero haberse formado en la universidad pública obliga a botar ese mito.
El llamado a reflexionar el canon historiográfico que se ha forjado, es con el ánimo de fortalecer y enriquecer aun más las betas de investigación ya antes trazadas. Claro está, que no se parte de cero, ya que existen otros esfuerzos académicos al respecto y se pueden citar algunos: los peritajes de Terry Karl en el caso de los militares salvadoreños enjuiciados en los últimos años en Estados Unidos, los esfuerzos del instituto de antropología e historia de la UES, algunas publicaciones estatales (la revista identidades Nº 4), las interpretaciones del maestro Ricardo Ribera y diversos trabajos publicados en ingles. De nosotros dependerá volver más nutrido el canon historiográfico.