Herberth Morales
Las siguientes ideas las escribí para decirlas en el aniversario de los doce
años de la licenciatura de historia de la Universidad de El
Salvador. Sin embargo, por motivos de fuerza mayor, no pude asistir a tiempo, y
no las hice públicas. Fue así, que me quede con las reflexiones guardadas en mi
computadora. Ahora las hago del conocimiento, únicamente con el ánimo de
repensar nuestra licenciatura como tendencia historiográfica nacional.
El canon historiográfico de la carrera de historia en estos doce años de
existencia, ha logrado aportar valiosas y nuevas líneas de investigación en un
contexto académico como el salvadoreño, tales como: la violencia, el sistema
educativo, la prostitución, el anticomunismo, la condición de la niñez y
análisis a escala local. Aunque esto no define del todo ese canon desarrollado.
Si se observan las tesis de licenciatura, estas han estado centradas en
los procesos de finales del siglo XVIII, XIX y cierta parte del XX. En esta
última centuria radica el interés, pues la fatídica y dolorosa década de la Guerra Civil en el
caso particular de la carrera de historia no ha logrado persuadir del todo a
los seguidores de Clío. El trabajo de tesis que se acerca a algunos elementos
de esa cruel década de los 80s, es el realizado por José Alfredo Ramírez.
Últimamente se concluyó una investigación sobre Suchitoto donde se abordan
interesantes aristas de la
Guerra Civil desde lo local, llevada a cabo por Miguel Acosta
y Luís Calero. Pero, luego de 21 “años de paz” y 12 años de madurez de la
carrera, la sociedad salvadoreña esta demandando más estudios históricos. Pues
este pasado reciente le está pidiendo a la carrera de historia sentar opiniones
científicamente comprobadas en un ambiente de polarización, y sobretodo de
ausencia del acceso a la justicia para las victimas.
En esto último podrán decir que es meterse en política y perder la
objetividad. Y yo les respondería que somos animales políticos o zoon politikon
como decían los griegos. Además, el interés por trabajar la guerra civil es por
las victimas que no tienen colores partidarios. Más bien, hay que tomarle la
palabra al maestro Alberto Masferrer quien nos increpa con la sencillez y
fuerza de sus palabras para tomar partido por la victimas “No prestarse nunca, ni por
recompensa ni por amenaza, a servir de instrumento de ninguna opresión,
explotación o tiranía que afecten a los derechos vitales de los otros”
Las anteriores palabras las cito, en el sentido que existe un sistema
judicial corrupto que no garantiza la justicia para las victimas y nos invita a
tener como imperativo académico, investigar el conflicto armado con un
compromiso por los miles de salvadoreños que sufrieron violaciones a sus
derechos fundamentales. Habrá algunos que me dirán que combinar compromiso
social y academia ya pasó de moda. Pero haberse formado en la universidad pública
obliga a botar ese mito.
El llamado a reflexionar el canon historiográfico que se ha forjado, es
con el ánimo de fortalecer y enriquecer aun más las betas de investigación ya
antes trazadas. Claro está, que no se parte de cero,
ya que existen otros esfuerzos académicos al respecto y se pueden citar
algunos: los peritajes de Terry Karl en el caso de los militares salvadoreños
enjuiciados en los últimos años en Estados Unidos, los esfuerzos del instituto
de antropología e historia de la
UES, algunas publicaciones estatales (la revista identidades
Nº 4), las interpretaciones del maestro Ricardo Ribera y diversos trabajos
publicados en ingles. De nosotros dependerá volver más nutrido el canon
historiográfico.